Nunca entendí las manifestaciones a favor de la paz, la ecología o la mar en coche.

¿Por qué esa angustia sobre temas abstractos? .

El día que empecemos a reclamar sobre cuestiones cotidianas tales como el poco chocolate en el dulce de batata o sobre Tito y Marcelo – los pibes que se cagan de hambre en la esquina de casa- estaremos casi salvados

 

¿Cómo puede ser que nos ufanemos de su andar? ¿Quiénes somos nosotros para decir que andamos como Pedro por su casa? ¿Alguien pensó en el pobrecito de Pedro? ¿Cómo generalizamos a troche y moche TODOS LOS PEDROS; utilizando este dicho en situaciones sin problemas o de conocimiento absoluto? ¡O peor aún!… ¡¡Como si hubiéramos estado en la misma situación muchas veces!! ¿Uds. piensan que en el momento que Pedro negó tres veces a Jesús poseía conocimiento total de las circunstancias? …recordar lo de "antes que cante el gallo & bla" … O Pedro Troglio…¿no le debe joder un poco ser el técnico – eje de esperanza – que deba sacar a Gimnasia y Egrima de la promoción? … por mas que ese equipo sea como su segundo hogar… Les recomiendo no repetir como loros frases hechas y genéricas como si todo resultara lo mismo. Reflexionen al respecto. No quiero pensar que entra por un oído y les sale por el otro.

Envalentonado, Rosendo Collazo decidió separarse de su mujer gracias a los designios del cielo. Las sabias estrellas marcaron su destino/camino; inmutables objetos nocturnos de noches y noches – años tras años, con probabilidades de no modificar su apariencia y comportamiento en lustros. Igual que su mujer. Armó bolsos y maletas. Partió raudamente a las expediciones arqueológicas del Tlachichuca mexicano. Por cada vasija milenaria hallada, le pagaban veinte dólares. Tardó días en darse cuenta que a los arqueologos le gustan en pedazos, por cada fragmento de vasija le abonaban cincuenta. Viajó a Cuba y en plena revolución de río revuelto llegó a coronel. del Distrito Militar de Camagüey. El coronel Rosendo Collazo. Enfrentó tropas numerosas y bien pertrechadas contra partidas sin mucha voluntad de llegar hasta las últimas consecuencias. Requisó ganado que había en los campos, de manera que vacas, terneros, añojas, toros, toretes y bueyes fueron incautados oficialmente por el ejército Nacional y marcados con la R y la C del hierro candente de la República de Cuba. Terminada la "revolución" hizo trasladar el ganado hacia su finca, porque milagrosamente esas iniciales eran las de su nombre propio, y, como por arte de magia, se convirtió en el más próspero ganadero de toda la provincia.

"Mente superior domina a mente inferior…mente superior domina a mente inferior" se repetía para sí Patricio Cifuentes – el niño mimado de Estancia La Robla. Y no es para menos, aquel brioso corcel que supo engañar a corcoveo limpio a mas de un paisano en Jesús María – permanecía dócil y tranquilo como agua de tanque. Interpretaba ser inferior – ávidamente pastaba yuyales cuando tenía hambre y galopaba sólo cuando debía hacerlo. Partieron en grupo hacía el monte con escopetas y otras armas largas. Fue en uno de los pasos – el cruce de senderos cercano al río – cuando una cuadrilla de ciervos dirigidos por un jaguar desafió al pelotón humano. Fogonazos. Hubo festín de perdigones en plena cacería. Unos metros adelante, mientras irrumpían la espesura selvática, otro grupo acechaba en espera. Esta vez, resultaron jaguares liderados por un ciervo. Víctimas del miedo, se retiraron sin ofrecer disparo alguno.

El gringo bajó al pueblo a matar el tiempo – "aprovechando" los desperfectos del tren. En el anfiteatro de la Plaza central, un anciano no vidente extendía su mano derecha con intenciones de tocar todos los caballos que la gente le acercaba. En segundos exclamaba a viva voz: "Alazán", "Bayo" ó "Tiene patas blancas". Josoeph aplaudía entusiasmado y la multitud pueblerina observaba su efusividad mientras el ciego no acertaba en su puta vida.

Durante los primeros años del hospital de ciegos, como se sabe, todos los internos detentaban los mismos derechos y sus pequeñas cuestiones se resolvían por mayoría simple, sacándolas a votación. Con el sentido del tacto sabían distinguir las monedas de cobre y las de plata, y nunca se dió el caso de que ninguno de ellos confundiese el vino de Mosela con el de Borgoña. Tenían el olfato mucho más sensible que el de sus vecinos videntes. Acerca de los cuatro sentidos consiguieron establecer brillantes razonamientos, es decir que sabían de ellos cuanto hay que saber, y de esa manera vivían tranquilos y felices en la medida en que tal cosa sea posible para unos ciegos. Por desgracia sucedió entonces que uno de sus maestros manifestó la pretensión de saber algo concreto acerca del sentido de la vista. pronunció discursos, agitó cuanto pudo, ganó seguidores y por último consiguió hacerse nombrar principal del gremio de los ciegos. Sentaba cátedra sobre el mundo de los colores, y desde entonces todo empezó a salir mal. Este primer dictador de los ciegos empezó por crear un círculo restringido de consejeros, mediante lo cual se adueñó de todas las limosnas. A partir de entonces nadie pudo oponérsele, y sentenció que la indumentaria de todos los ciegos era blanca. Ellos lo creyeron y hablaban mucho de sus hermosas ropas blancas, aunque ninguno de ellos las llevaba de tal color. De modo que el mundo se burlaba de ellos, por lo que se quejaron al dictador. Éste los recibió de muy mal talante, los trató de innovadores, de libertinos y de rebeldes que adoptaban las necias opiniones de las gentes que tenían vista. Eran rebeldes porque, caso inaudito, se atrevían a dudar de la infalibilidad de su jefe. Esta cuestión suscitó la aparición de dos partidos. Para sosegar los ánimos, el sumo príncipe de los ciegos lanzó un nuevo edicto, que declaraba que la vestimenta de los ciegos era roja. Pero esto tampoco resultó cierto; ningún ciego llevaba prendas de color rojo. Las mofas arreciaron y la comunidad de los ciegos estaba cada vez más quejosa. El jefe montó en cólera, y los demás también. La batalla duró largo tiempo y no hubo paz hasta que los ciegos tomaron la decisión de suspender provisionalmente todo juicio acerca de los colores. Un sordo que leyó este cuento admitió que el error de los ciegos había consistido en atreverse a opinar sobre colores. Por su parte, sin embargo, siguió firmemente convencido de que los sordos eran las únicas personas autorizadas a opinar en materia de música. Hermann Hesse (1929)- inspirada en Voltaire

Hermechea: Licenciado Jimenez, tanto tiempo sin verlo.
Jimenez: Doctor Hermechea, ¿Cómo anda usted?
Hermechea: Ya me ve. Envejeciendo
Jimenez: No diga eso, está usted hecho un pibe
Hermechea: Gracias licenciado, a usted no se lo ve tan mal
Jimenez: Agradecido doctor. ¿Cómo está su esposa?
Hermechea: Mi esposa falleció, licenciado
Jimenez: ¡Por Dios!
Hermechea: Justamente. Se suicidó junto a 32 fieles de una secta religiosa.
Jimenez: ¡Que calamidad!
Hermechea: Pero por suerte esa noche dejó comida en el freezer para 3 meses.
Jimenez: Una esposa es siempre una esposa.
Hermechea: Hermosas palabras, licenciado. ¿Y su mujer como anda?
Jimenez: Mi mujer ya no anda, doctor. Quedó paralítica en un accidente
Hermechea: Pero mire usted.
Jimenez: Que
Hermechea: No, nada, digo, que que terrible
Jimenez: No vaya a creer, también perdió el habla, Dios es misericordioso.
Hermechea: Dígamelo a mi, licenciado
Jimenez: Si, se lo digo a usted, doctor. Aquí no hay nadie mas.
Hermechea: No, digo que yo se muy bien de lo que habla
Jimenez: ¿Y como está su esposa, doctor?
Hermechea: Bien, muy bien, gracias
Jimenez: De nada
Hermechea: ¿Y su esposa como está?. Hace mucho que no la veo.
Jimenez: Mire usted que casualidad. Ella también hace mucho que no lo ve a usted, doctor.
Hermechea: No, la casualidad no existe. Todos son designios del señor.
Jimenez: ¿Que señor?
Hermechea: No se
Jimenez: ¿Y su esposa como anda, doctor?
Hermechea: Mal, mi señora tiene una enfermedad incurable
Jimenez: ¿Cual?
Hermechea: Está viva, y no hay forma de salvarla de la muerte.
Jimenez: ¿Cuanto le queda de vida?
Hermechea: Lo que le sobra de muerte, ni un segundo más, ni un segundo menos.
Jimenez: Que terrible, mi esposa está en una situación parecida
Hermechea: ¿Su esposa no había muerto?
Jimenez: Si, pero reencarnó
Hermechea: ¿En forma de que, esta vez?
Jimenez: En forma de jalea de membrillo. Pero yo no me di cuenta y me la comí casi toda.
Hermechea: Bueno, no se culpe, la jalea de membrillo es irresistible.
Jimenez: Dígamelo a mi.
Hermechea: Si, se lo digo a usted. ¿Se siente bien licenciado?
Jimenez: Si, creo que si. Quizás me hubiese gustado mas ser otra cosa. Andinista, por ejemplo.
Hermechea: No, digo si se siente bien de salud.
Jimenez: La verdad es que hoy me dolió mucho el pecho, doctor.
Hermechea: Me parece que tiene una chinche en la corbata
Jimenez: Tiene razón doctor. Ya estoy curado. ¿Cuanto le debo?
Hermechea: 200 pesos
Jimenez: Anótemelo, doctor
Hermechea: Como no. ¿Algo mas quiere?
Jimenez: Si, deme una lata de tomates y un sobrecito de queso rallado
Hermechea: Muy bien. ¿Como anda su esposa?
Jimenez: Bien, pero nos estamos por divorciar
Hermechea: ¿Por que?
Jimenez: Por divorciar
Hermechea: ¡Ah, que dolor!
Jimenez: Fíjese si no tiene una chinche en la corbata
Hermechea: Tiene razón. ¿Cuanto le debo?
Jimenez: 400 pesos
Hermechea: Bueno, anótemelo
Jimenez: Como no. Recuerde darle mis saludos a su mujer
Hermechea: Bueno, démelos
Jimenez: No los tengo aquí
Hermechea: No importa, yo invento unos y listo
Jimenez: Siempre tan buen amigo, doctor
Hermechea: Gracias licenciado
Jimenez: De nada doctor
Hermechea: ¡No le permito!. Estudié 8 años para recibirme. No fue de nada.
Jimenez: Bueno, disculpe. De mucho doctor.
Hermechea: Discúlpeme, me sobrepasé. No me di cuenta que estaba su señora con usted.
Jimenez: Si, venimos del cine
Hermechea: ¿Que fueron a ver?
Jimenez: Una película
Hermechea: Ah, que bien
Jimenez: Bien o mal es relativo, doctor. No puedo creer que usted no lo sepa.
Hermechea: Lo se muy bien, licenciado
Jimenez: Discúlpeme doctor, no me di cuenta que usted estaba acompañado de su esposa.
Hermechea: No se disculpe licenciado. Discúlpeme a mi que no se lo hice notar.
Jimenez: Faltaba mas
Hermechea: ¿Cuanto?
Jimenez: No se
Enfermera: Bueno muchachos, la comida está servida. Basta de charla y al comedor que se les enfría.
Jimenez: ¿La conoce?
Hermechea: Si, es mi esposa
Jimenez: Si, mía también

Obscuridad y bruma. Ruta desierta, con niebla y perdido, ¿qué puede ser peor? El motor del coche abandona su marcha. Arboles genéricos. Alambrados. Mas árboles. Mas alambrados. 3:00AM. Ni un alma. Camino por la ruta por mas de una hora. Una luz a la distancia. Avanzo hacia ella, por un camino vecinal. Pleno campo. El pequeño sendero cuesta arriba no me deja observar mi destino en su plenitud. Sorpresa. Una casa enorme. Dos pisos. Totalmente iluminada. Golpeo mis manos en el portico en busca de ayuda. Segundos después la enorme puerta se abre. Obligadamente debo bajar la vista. En la entrada Se encuentra un niño de no mas de cinco años. El único habitante de la casa. Me observa detenidamente y con una sonrisa pícara en su rostro. Ingreso a la casa.