Vendí todas mis cosas en MercadoFree.com. La tv, mis teteras rusas, el cepillo de dientes, libros con las teorías de La Tierra Hueca y mi latigo de tres puntas. Todo. Y me propuse viajar por el mundo y conocer a todos mis clientes net. Mirna – quien vive en un pueblo de Bielorrusia que no figura en el mapa (durante La Guerra Fría fabricaban bombas H) adquirió mi lampara de pie comprada en San Telmo. Trabaja en una fabrica de juguetes de madera. Rubén – cocinero ambulante de Caibarién – me convidó La salsaperro y bolita de macabí realizados en un chulengo fabricado por mi abuelo cuando vivía en Trenque Lauquen. Gracias al buen estado de mi ex-Guzzi "Lodola Sport" del '59, zafamos con Marco de los tifosi del Ascoli que enfurecidos nos perseguían como tras la derrota que habían sufrido a manos del Treviso por tres tantos. A veces me pregunto por qué la mayoria de la gente quiere ser rica, cuando la gracia de las cosas se encuentra en disminuir la codicia y no en aumentar las pertenencias.