"Mente superior domina a mente inferior…mente superior domina a mente inferior" se repetía para sí Patricio Cifuentes – el niño mimado de Estancia La Robla. Y no es para menos, aquel brioso corcel que supo engañar a corcoveo limpio a mas de un paisano en Jesús María – permanecía dócil y tranquilo como agua de tanque. Interpretaba ser inferior – ávidamente pastaba yuyales cuando tenía hambre y galopaba sólo cuando debía hacerlo. Partieron en grupo hacía el monte con escopetas y otras armas largas. Fue en uno de los pasos – el cruce de senderos cercano al río – cuando una cuadrilla de ciervos dirigidos por un jaguar desafió al pelotón humano. Fogonazos. Hubo festín de perdigones en plena cacería. Unos metros adelante, mientras irrumpían la espesura selvática, otro grupo acechaba en espera. Esta vez, resultaron jaguares liderados por un ciervo. Víctimas del miedo, se retiraron sin ofrecer disparo alguno.

El gringo bajó al pueblo a matar el tiempo – "aprovechando" los desperfectos del tren. En el anfiteatro de la Plaza central, un anciano no vidente extendía su mano derecha con intenciones de tocar todos los caballos que la gente le acercaba. En segundos exclamaba a viva voz: "Alazán", "Bayo" ó "Tiene patas blancas". Josoeph aplaudía entusiasmado y la multitud pueblerina observaba su efusividad mientras el ciego no acertaba en su puta vida.