La invitación no pudo ocultar mi sorpresa, no solo por la celeridad en la que fue realizada – sino por la satisfaccion de haberla recibido.Ni siquiera habían transcurrido quinientos años entrenando junto a la escuadra llamada ?A mitad de camino?. Me llenó de orgullo ser invitado al match que disputarían Los de Ariiba vs. Los de Abajo.Rebosante de alegría concurrí junto a mis compañeros de equipo: El birmano Saki, Michael Farrel, Hermida y los mellizos Hawthorne – MelvilleUn marco inponente. Un estadio repleto. Algarabía nervios y pasión.Pese a que Los de Arriba formaron en la cancha con figuras de temer ? solo pensemos en los temibles nombres de Sófocles, Maupassant y Cortazar ? el cotejo se presentó parejo, equilibrado y por pasajes complicado.A minutos del final, penal favorable a Los de Arriba. Patea Kafka y el arquero (se adelanta ilegalmente – sin dudas) ataja. Rápido contragolpe de Los de Abajo, dos toques en el mediocampo, centro de la derecha ? MANO de Nietzche y el gol. Incríblemente el partido termina tres minutos antes del tiempo reglamentario. 1-0. Nadie protesta.- Esto es inaudito! ? exclamé azorado y perplejo ante las cicunstancias. ¡Como Pueden ganar Los de Abajo de esta manera y que nadie proteste? Si la selección de Los de Arriba convoca a los jugadores BUENOS!!Chéjov se acerca y susurra en mi oído: – Los jugadores buenos juegan en Los de arriba…pero de dónde crees que proviene la terna arbitral?Paulo Cohelo me da una Villavicencio. Bucay sonríe complice y tímidamente.Como avergonzado.