Mi-Lguo llevaba tres días prisionero. El hijo de CANG-KUO-LAO O CHEUNG GUO LAO, dios del grupo Pahsien, había sido capturado en el asalto a Tierras Li. Muchos hablaban sobre el venerable y bondadoso joven sabio, su gran fuerza mágica, el velocísimo asno blanco que montaba (al cual podía doblar y plegar como si fuese de papel y guardarlo cuando no lo utilizaba) o cuando arrasó la Ciudad de Bain-Ni con solo mirar hacia el Ya C'ing (Cielo de jade), proporcionando una lluvia negra que sepultó a las hordas invasoras. Sin embargo sus captores no le temían. Aunque sí lo respetaban. Mij, el líder de sus secuestradores, ordenó traer una gran barra de hielo e-kei. La misma era tan gruesa como la puerta Menchen – aquella que impide la entrada a las almas de los muertos. Ofreció a Mi-Lguo quebrarla con sus manos. A cambio de que así fuese, obtendría su libertad y sería venerado. El joven dios asintió con su cabeza y se acercó al témpano. Oró a LUI-SIN, dios del rayo y trueno y aplicó un poderoso golpe sobre la barra, que produjo un corte transversal de grandes dimensiones…en su mano derecha. Se dice que solicitó una segunda oportunidad mientras una daga caía sobre su cabeza. El comienzo de la dinastía Su, predecesora del período de las Cinco Dinastías y los diez reinos, fue marcada por el maravilloso desenlace ocurrido en la Batalla de Kei. En dicho escenario se encontraron dos bandos tan fuertemente armados como desiguales. Hu-Tei lideraba un batallón conformado por mas de tres mil hombres ataviados de lanzas, estandartes, sables y furia incontenible. Mikoi – futuro héroe de la Nación – contaba solo con ochocientos soldados a modo de infantería. Hu-Tei adviritiendo el paupérrimo poder de su contrincante, envió sin estrategia alguna a su caballería en conjunto con los hombres-de-pie.Sin impresionarse por la numerosa fuerza que pretendía arrasarlo, Mikoi envió a dos de sus hombres sobre el flanco opuesto donde se desarrollaría la contienda. Las fuerzas de Hu-Tei se acercaban rapidamente y el choque sería inmediato. Mikoi tranquilizaba a los suyos y observaba a sus dos enviados. Uno de ellos portaba un enorme estandarte mientras que el otro no hacía mas que abrir y cerrar su boca. Ambos esperaban orden alguna. Cuando solo faltaban un par de metros para librarse la cruenta, se cuenta que Mikoi levantó su brazo izquierdo y señaló a los dos jóvenes. En ese mismo instante, uno de ellos levantó el estandarte – de tonos rojizos y amarillos – mientras que el otro soldado gritó tan fuerte como pudo:-ORSAIII !Los guerreros -Tei quedaron estupefactos… el tiempo suficiente para ser arrasados.