La voluminosa jueza Baru Buru Budía se arrojó al vacío. No estaba hambrienta e invitada a un asado familiar ni mucho menos. Se tiró de un décimo piso. El vigilante del reino del revés salía del juzgado sonriendo satisfactoriamente. El dictamen le había sido favorable y el delito era excarcelable (pese a que Pinocho malherido continuaba internado en el Ricardo Gutierrez). Amparado por un brujito de Gulubú (aquel Lopez Rega de la nueva era) lo habían sobreseído. El impacto fué fatal e inmediato. El vigilante ante los gritos que provenían desde el cielo, observó hacia arriba. Y vió las estrellas. Pero de dolor. El resultado obtenido es lo que veníamos esperando tras largos años. La justicia cayó con todo el peso de la ley.