Envalentonado, Rosendo Collazo decidió separarse de su mujer gracias a los designios del cielo. Las sabias estrellas marcaron su destino/camino; inmutables objetos nocturnos de noches y noches – años tras años, con probabilidades de no modificar su apariencia y comportamiento en lustros. Igual que su mujer. Armó bolsos y maletas. Partió raudamente a las expediciones arqueológicas del Tlachichuca mexicano. Por cada vasija milenaria hallada, le pagaban veinte dólares. Tardó días en darse cuenta que a los arqueologos le gustan en pedazos, por cada fragmento de vasija le abonaban cincuenta. Viajó a Cuba y en plena revolución de río revuelto llegó a coronel. del Distrito Militar de Camagüey. El coronel Rosendo Collazo. Enfrentó tropas numerosas y bien pertrechadas contra partidas sin mucha voluntad de llegar hasta las últimas consecuencias. Requisó ganado que había en los campos, de manera que vacas, terneros, añojas, toros, toretes y bueyes fueron incautados oficialmente por el ejército Nacional y marcados con la R y la C del hierro candente de la República de Cuba. Terminada la "revolución" hizo trasladar el ganado hacia su finca, porque milagrosamente esas iniciales eran las de su nombre propio, y, como por arte de magia, se convirtió en el más próspero ganadero de toda la provincia.