Algunos paises europeos que prohiben el consumo de drogas, han creado centros oficiales donde uno puede inyectarse tranquilo. El gobierno contrata personal especializado en analizar la droga que uno puede comprar por la calle, a los efectos de informar si la misma está adulterada o no – franco interes oficial por no morirte antes de tiempo. Lógicamente en el caso que la sustancia adulterada resulte de pésima calidad, no la reemplazan por una mejor – pese a que ambas partes (Demanda y Oferta) estén de acuerdo que cortar con vidrio, insecticida y/o arsénico está mal (efecto secundario de prohibir?). La comercialización de la droga resulta algo muy curioso, inclusive dificil de analizar con sistemas económicos. Pese a la prohibicion establecida – circula por todas partes y en unas cantidades sorprendentes. ALgunos piensan que legalizarla puede disminuir la circulación. Obviamente los que piensan eso son consumidores o ex adictos forzados. No conozco gente que no haya consumido y apruebe la legalización. Pero lo mas importante es que son más las cosas prohibidas y toleradas, que las obligatorias inalcanzables. Si leemos la Constitución advertirá en seguida que tenemos derecho a un montón de cosas que no existen. Pensemos en la cantidad de gente que carece de un trabajo o una vivienda digna. La realidad es muy demagógica, en fin. Busca votos más que soluciones. Demagogia en la búsqueda de trabajadores en blanco por un lado y flexibilización laboral por el otro. Una mano da trabajo y la otra lo quita.A Ud. le duele la rodilla y el médico le dice que no es nada. Sin embargo le duele. Y mucho. Nunca le pasó?Pero si lo dice el médico…Uno tiende a creer más en el entorno que en su propia percepción de las cosas y encima puede llegar a sentirse culpable. La realidad siempre cuenta con el sentimiento de culpa de los otros, aunque ella es completamente amoral cuando no descaradamente obscena. No estoy en contra de las salas para drogarse (ni siquiera me detuve a analizar este tema secundario) , sino contra el absurdo. O sea, que por una parte están bien, aunque por otra son una locura. Lo malo es que a los que nos ganamos la vida con la demagogia nos la han puesto más cara que la cocaína. Casi preferiríamos que la prohibieran con una mano para incitar a su consumo con la otra. Todos tenemos derecho a vivir, lo dice la Constitución.